Decálogo del cuidado del recién nacido

Decálogo del cuidado del recién nacido

Vuelves a casa con tu recién nacido en brazos y empieza la aventura. Tanto si sois mamás y papás primerizos como si no, siempre vienen bien consejos de los especialistas sobre los cuidados que necesita el recién llegado en sus primeros días de vida. La primera recomendación es calma y disfrutar del momento. Para lo demás, os dejamos un decálogo del cuidado del recién nacido que os pueden ayudar a manejar con menos incertidumbre esta nueva situación:

  1. El cordón umbilical

Seguramente, una de las indicaciones en la que más os hayan insistido antes de abandonar el hospital sea la del cuidado del cordón umbilical por el riesgo de infecciones. Eso es básico en cualquier decálogo del cuidado del recién nacido. Si se cuida siguiendo las recomendaciones de enfermeros y personal sanitario, nada tiene por qué salir mal. El cordón puede lavarse con agua jabonosa y secarlo muy bien, o con alcohol para intentar que no proliferen infecciones. Seguid las recomendaciones del hospital, pero es mejor evitar la povidona (el conocido como ‘betadine’). Si observáis que el cordón umbilical enrojece, se hincha, huele mal o supura, hay que acudir al pediatra. Esto en básico para el cuidado del recién nacido.

  1. Hora del baño

Durante mucho tiempo ha imperado la cultura del lavado diario: cuanto más mejor. Hoy en día esta costumbre está generando multitud de problemas de alergias, sensibilidad tópica, rojeces… La capa protectora natural de la piel del bebé es más sensible y débil que la de un adulto, por lo que lavar al recién nacido todos los días puede ser contraproducente. En ese caso es mejor lavar al bebé en días alternos o bien cada tres días. Con la temperatura del agua conviene usar el sentido común: ni excesivamente caliente ni fría. Lo ideal serían 36º, que es la temperatura del cuerpo humano y en la que ellos no experimentarán ningún cambio brusco de temperatura.

Después hay que secarlo bien, prestando mucha atención a las zonas de pliegues de la piel.

  1. Cremas y complementos de higiene

También es importante a tener en cuenta en el decálogo del cuidado del recién nacido, el uso correcto de cremas y demás complementos de higiene porque podéis encontraros perdidos.

Como ocurre con el baño, durante años ha estado muy asentada la cultura de embadurnar al bebé todos los días en crema después del baño. Y esto puede estar bien en los primeros días, donde la piel suele ser más fina. Pero si, con el paso de las semanas, observamos que la piel de nuestro bebé no tiene ningún problema y tiene una apariencia sana e hidratada, no hay que poner cremas. Si vemos que alguna zona localizada de su piel está seca, entonces sí es recomendable hidratar mejor con cremas que con aceites.

Algo que sí es recomendable hacer a diario es un “ritual” de masaje. Ya no por las cremas, sino porque podéis establecerlo como un momento diario de conexión afectiva, de contacto piel con piel con el pequeño, en el que él puede sentir la cercanía de mamá o papá.

  1. Zonas de higiene delicadas

Las orejitas, la nariz y los ojos son zonas delicadas. Moquitos, legañas y cera se retirarán con todo el cuidado posible y de la forma menos invasiva. Para limpiar las orejas del recién nacido, no se recomienda introducir bastoncillos. Por el contrario, será suficiente con eliminar el resto de cera que veamos con una gasa limpia.

Los bebés no pueden expulsar sus moquitos de forma voluntaria, por lo que si observamos que estos se acumulan y el pequeño tiene dificultad para respirar, se intentará reblandecer estas secreciones con suero fisiológico o con agua marina que venden específicamente en farmacias para bebés. Y luego se retirarán también con una gasa limpiar y sin forzar.

Es habitual que los recién nacidos presenten legañas. Estas deberán eliminarse con una gasa limpia y siempre desde el lagrimal hacia fuera, para evitar contaminar el ojo con otras bacterias.

  1. La lactancia

Desde un punto de vista más humanizado, lo más recomendable es permitir que el bebé y la mamá entren en contacto nada más se produzca el parto. El bebé tiene el instinto de succión nada más nacer y si se deja a este sobre el vientre de la madre, el pequeño “trepará” solo hasta alcanzar el pecho de la madre. Es recomendable que la primera toma se dé en la primera hora después del parto.

Algunos bebés, ya se alimenten de leche materna o no, podrían presentar en las primeras semanas lo que se denomina “costra del lactante”. Es un tipo de dermatitis seborreica que no tiene mayores implicaciones y que tenderá a desaparecer sola. Pero si se quiere eliminar por estética, se recomienda hacerlo con una gasa limpia impregnada en aceite de oliva o de almendras para reblandecer el tejido. Se aplicará masajeando con mucho cariño la zona. De esta forma, si posteriormente se va a lavar al bebé, la costra tenderá a caerse sola.

  1. La ropa y su limpieza

Hay padres que pecan de abrigar en exceso a los recién nacidos. Otros que creen que están bien igual de abrigados que nosotros. El mejor termómetro para averiguar si el bebé tiene frío, calor o está bien, es tocar su espalda o cuello, y en función de eso abrigarlo más o menos. En cualquier caso, ellos deberán llevar por norma general un capita más que nosotros, porque su piel, demasiado fina aún, no regula la temperatura corporal del mismo modo que podemos hacerlo los adultos.

Existe una creencia bastante asentada sobre cubrir la cabeza del bebé con un gorrito porque por esa zona se pierde mucho calor corporal. Dependerá también de la época del año en la que nazca el bebé: si es invierno y vamos a salir a la calle, su cabeza deberá ir tapada, pero si estamos en casa y la temperatura de la habitación es correcta, no es necesario sobreprotegerlo.

Su ropita deberá lavarse separada de la de los adultos, evitando siempre agentes químicos que puedan ser irritantes para su piel como suavizantes. Tanto la ropa como las sábanas y mantas deberán estar bien aclaradas y secadas, si es posible, al sol.

  1. ¿Cortar o no cortar las uñas y el pelo?

Nada más nacer, la mayoría de los bebés tiene una capa de pelo muy fino que en ocasiones se cae en las primeras semanas para dar luego paso al pelo definitivo. Dado que se caerá pronto, no es necesario cortar el pelo al bebé salvo que los padres consideren que así el bebé estará mejor o por cuestiones de estética.

Con las uñas, y como decimos, hay que aplicar el sentido común. No hay una edad mínima para cortar las uñas, siempre y cuando esto se haga con unas tijeras especializadas de punta redonda: si las uñas están muy largas se cortan y si no es necesario, no se hace.

  1. El cambio del pañal

Toallitas húmedas, ¿sí o no? Depende… Aunque el mercado está lleno de toallitas hipoalergénicas tolerantes con la delicada piel del bebé, lo ideal es limpiar la zona con agua y jabón (sin frotar mucho) y aclarar luego los restos de jabón con agua. De esta forma se evita el contacto de la toallita con el culito del bebé, algo que, si se repite mucho, puede llegar a ser abrasivo. Si no es posible porque estamos fuera de casa o porque nos resulta más cómodo, la limpieza con toallitas deberá hacerse siempre de adelante hacia atrás. Es decir, de los genitales hacia el ano. Así  evitamos que en las vías urinarias se depositen bacterias que podrían ocasionar infecciones.

Pero a veces, incluso siendo totalmente cautelosos con la higiene de esta zona del cuerpo del recién nacido, la piel del culito tiende a enrojecerse e irritarse: es normal. En ese caso se tratará la zona con una crema de base acuosa antes de poner un pañal limpio. Repetiremos esto hasta que la zona vuelva a tener una apariencia sana.

  1. El sueño… mejor con paciencia

Ya os habrán advertido de lo poco que dormiréis en vuestra recién estrenada etapa. Es normal porque los recién nacidos no tienen la capacidad de dormir ocho horas seguidas como hacemos los adultos: su estómago aún es muy pequeño y no resiste dormir del tirón sin sentir hambre y despertar en mitad de la noche. Pero como siempre, cada bebé es un mundo: los hay muy dormilones que duermen toda la noche y otros que les cuesta más y se despiertan y lloran. Aunque lo más establecido es que durante la noche se alimente al bebé cada tres horas, esto no es matemático: si ha pasado ese tiempo y el bebé duerme tranquilo no es necesario interrumpir su descanso para alimentarlo si él no lo pide. Hay otros que aguantan menos tiempo, en especial en los primeros días después de nacer y este tiempo se va espaciando conforme pasan las semanas.

  1. La importancia del contacto piel con piel

Lo ideal es que la primera persona que toque, huela y sienta el bebé en sus primeras horas de vida sea la mamá. Por razones fisiológicas, pero también psicológicas: el contacto con la mamá ayuda a regular su temperatura y permite al bebé tomar bacterias de su madre que serán muy importante para la formación de su sistema inmunológico. Y además le ayudará a sentirse protegido y a identificar quién es su mamá. A veces, por razones médicas, el parto no sale como la mamá o la pareja quiere (cesárea u otras complicaciones). En ese caso el papá es el que debe proporcionar al bebé el primer contacto piel con piel. Es verdad que no podrá tomar el pecho hasta que llegue la madre, pero al menos sentirá un corazón cerca y calor, algo que además le permitirá identificar quién es papá y fortalecer su relación.

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